Dormir en el Camino: diferencias entre albergues públicos y privados
La primera noche que pasé en un albergue del Camino Francés llegué con los pies calientes, la mochila empapada y la cabeza llena de dudas. Me tocó litera alta, un saco delgado y el ronquido sincronizado de 7 ignotos. Por la mañana siguiente, entre café de máquina y pan con aceite, ya tenía tres recomendaciones de etapas, un truco para las ampollas y el teléfono del hospitalero por si perdía algo. Ese es el encanto y el reto del Camino: duermes donde duermen los demás y apre